sábado, 7 de noviembre de 2009

El premio nacional José Corredor Matheos, en Tarancón.



EL PREMIO NACIONAL DE POESÍA
JOSÉ CORREDOR-MATHEOS
LEE SUS POEMAS EN TARANCÓN

El Premio Nacional de Poesía de 2005, el poeta manchego José Corredor-Matheos, visitará la ciudad de Tarancón y leerá sus poemas en su recién reformada Casa de la Cultura. El acto, que quiere ser un homenaje a uno de los grandes de la poesía española del siglo XX, tendrá lugar el miércoles 11 de noviembre a las siete en punto de la tarde, y servirá también como telón de fonodo para la presentación de su antología Deja volar la pluma en el paisaje.

Con él, los clubs de lectura de la ciudad taranconera clausurarán el ciclo de Encuentros con Autor desarrollado a lo largo del año 2009 bajo el patrocinio de su Ayuntamiento, de su Biblioteca Pública y de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, y que ha sido organizado con la colaboración de la editorial conquense El Toro de Barro, una de las más antiguas del mundo literario español.

El director de dicha editorial y responsable de la publicación de la antología de José Corredor-Matheos, Carlos Morales, será el responsable de la presentación del poeta nacido en 1929 en la ciudad manchega de Alcázar de San Juan. Emigrado a Barcelona desde 1942, donde se licenció en derecho, comenzó a sobresalir en el escenario de la cultura española de las dos primeras décadas de la posguerra como crítico de artes plástica y como traductor y antologo, siendo el responsable de una antología de la Poesía catalana contemporánea aparecida en 1983, que le reportó un año después, en 1984, el reconocimiento unánime de la crítica y el Premio Nacional de Traducción entre Lenguas Españolas.

Como poeta, ha publicado casi una veintena de libros, entre los que debemos destacar su Poema para un nuevo libro (1961), que le valió el prestigioso Premio Boscán; su ya legendaria Carta a Li Po (1975) y ese Don de la ignorancia (2004) que le valió el Premio Nacional de Poesía, el máximo galardón de la poesía española. El autor tuvo, además, el cuidado de preparar selecciones muy bravas de su propia obra, que confluyeron en la edición de Poesía 1951-1975 (1981); Poesía (1970-1994) y, finalmente, Deja volar la pluma en el paisaje (1962-2005) que, editada por El Toro de Barro en el año 2005, contiene, además de algunos inéditos, los jalones fundamentales de toda su escritura.

Entre los poetas de la Generación de los años cincuenta, de la que históricamente forma parte, destaca junto a quienes, como Ángel Valente, Antonio Gamoneda y el maestro Ángel Crespo, habiendo aceptado la realidad del tiempo como punto de partida, procuraron regodearse en todo cuanto en esa misma realidad no se presentaba con gestos extremados, configurando de ese modo un discurso muy cercano al del "realismo mágico" en el que el principal protagonista habría de ser ese "algo que no quiere morir", ese "algo que madura" y que crece y que nos mira. Posteriormente, la poesía y la filosofía de extremo Oriente imprimieron en la suya un tono contemplativo que algunos han hecho derivar erróneamente de un nihilismo vital, cuando lo que el poeta pretendía no era otra cosa que desnudar las pequeñas cosas hasta, cómo él mismo nos advierte en el Don de la ignorancia, "dejar tan sólo el hueso, / hasta que brille / como puñal o luz / que ilumine la noche / a mediodía." En todo caso, su inclinación por la aparente sencillez de la experiencia de la realidad y la voluntad antiretórica de su palabra poética, cuyos ritmos -no se nos escapa- encajan casi a la perfección con los del cancionero popular español de los años cincuenta, lo convierten en una de las figuras más indiscutibles de la "Poesía del silencio”.

Conviene destacar, también, el papel jugado por José Corredor-Matheos en el conocimiento en España de la poesía catalana escrita en catalán y en la apuesta -en Cataluña- por el reconocimiento pleno del bilingüismo literario como razón de ser de la poesía catalana en su conjunto.